Château La Tour Carnet

Tras un foso y una torre de aire medieval, Château La Tour Carnet en el Médoc lleva la historia sin peso: desde el siglo XII vigila las lomas de grava de Saint‑Laurent. Clasificado 4ème Grand Cru Classé en 1855, el château ha sabido unir memoria y reconstrucción.

Con Bernard Magrez, el viñedo se interpreta por parcelas. Cabernet y Merlot hunden raíces en graves sobre arcillas calcáreas, y ese drenaje natural afila la definición. La selección es estricta; los lotes se trabajan por separado hasta el ensamblaje. La vinificación busca extracción fina y temperaturas controladas, antes de una crianza prolongada en barrica que refuerza el esqueleto, no el maquillaje.

Así nace un Haut‑Médoc de estructura y vuelo, preciso y sobrio, donde la firma no la dicta la moda sino el suelo, con una elegancia que se construye con paciencia.

Château La Tour Carnet

Tras un foso y una torre de aire medieval, Château La Tour Carnet en el Médoc lleva la historia sin peso: desde el siglo XII vigila las lomas de grava de Saint‑Laurent. Clasificado 4ème Grand Cru Classé en 1855, el château ha sabido unir memoria y reconstrucción.

Con Bernard Magrez, el viñedo se interpreta por parcelas. Cabernet y Merlot hunden raíces en graves sobre arcillas calcáreas, y ese drenaje natural afila la definición. La selección es estricta; los lotes se trabajan por separado hasta el ensamblaje. La vinificación busca extracción fina y temperaturas controladas, antes de una crianza prolongada en barrica que refuerza el esqueleto, no el maquillaje.

Así nace un Haut‑Médoc de estructura y vuelo, preciso y sobrio, donde la firma no la dicta la moda sino el suelo, con una elegancia que se construye con paciencia.