Le Pin
En pleno altiplano de Pomerol, donde la arcilla con vetas de hierro y las gravas se alternan en metros, Le Pin se forja como una leyenda en voz baja: una microfinca de apenas dos hectáreas, dividida en pocas parcelas y plantada esencialmente de Merlot. Cada hilera se trabaja como un jardín: vendimia manual, selección minuciosa y vinificaciones en pequeños lotes para mantener la lectura parcelaria.
Desde que Jacques Thienpont tomó la propiedad en 1979, la escala nunca ha sido el objetivo; lo es el enfoque. La crianza sigue una línea clásica en roble nuevo, lo bastante larga para dar textura y profundidad sin tapar el nervio del suelo. La escasez no es marketing: es consecuencia de la superficie y de una selección implacable.
Para quien busca Pomerol sin estridencia, este nombre promete un lujo distinto: concentración medida, tanino sedoso y una claridad serena, nacida del terroir, el oficio y la paciencia.Le Pin
En pleno altiplano de Pomerol, donde la arcilla con vetas de hierro y las gravas se alternan en metros, Le Pin se forja como una leyenda en voz baja: una microfinca de apenas dos hectáreas, dividida en pocas parcelas y plantada esencialmente de Merlot. Cada hilera se trabaja como un jardín: vendimia manual, selección minuciosa y vinificaciones en pequeños lotes para mantener la lectura parcelaria.
Desde que Jacques Thienpont tomó la propiedad en 1979, la escala nunca ha sido el objetivo; lo es el enfoque. La crianza sigue una línea clásica en roble nuevo, lo bastante larga para dar textura y profundidad sin tapar el nervio del suelo. La escasez no es marketing: es consecuencia de la superficie y de una selección implacable.
Para quien busca Pomerol sin estridencia, este nombre promete un lujo distinto: concentración medida, tanino sedoso y una claridad serena, nacida del terroir, el oficio y la paciencia.