Château Guillot Clauzel
En Pomerol, a pocos metros de vecinos míticos, Château Guillot‑Clauzel se asienta sobre un diminuto mosaico de gravas y arcillas: apenas dos hectáreas y media, pero con vocación de grandeza.
La etiqueta se utiliza desde comienzos de los años noventa y, en tiempos recientes, el trabajo ha ganado definición bajo la dirección de Guillaume Thienpont. Merlot manda y Cabernet Franc aporta tensión; vendimia por microparcelas, selección rigurosa y extracción delicada conservan la arquitectura del viñedo. La crianza en roble francés se mide al milímetro: acompaña, no impone, y mantiene la lectura del suelo nítida y sin maquillaje.
Aquí la escala es una ventaja: microlotes y control absoluto. Guillot‑Clauzel condensa Pomerol en textura y equilibrio, con un oficio silencioso donde la precisión es la verdadera firma y cada detalle suma sin levantar la voz.Château Guillot Clauzel
En Pomerol, a pocos metros de vecinos míticos, Château Guillot‑Clauzel se asienta sobre un diminuto mosaico de gravas y arcillas: apenas dos hectáreas y media, pero con vocación de grandeza.
La etiqueta se utiliza desde comienzos de los años noventa y, en tiempos recientes, el trabajo ha ganado definición bajo la dirección de Guillaume Thienpont. Merlot manda y Cabernet Franc aporta tensión; vendimia por microparcelas, selección rigurosa y extracción delicada conservan la arquitectura del viñedo. La crianza en roble francés se mide al milímetro: acompaña, no impone, y mantiene la lectura del suelo nítida y sin maquillaje.
Aquí la escala es una ventaja: microlotes y control absoluto. Guillot‑Clauzel condensa Pomerol en textura y equilibrio, con un oficio silencioso donde la precisión es la verdadera firma y cada detalle suma sin levantar la voz.