Château Lafaurie Peyraguey
En lo alto de Bommes, sobre las brumas de otoño de Sauternes, Château Lafaurie Peyraguey se afirma como Premier Grand Cru Classé desde 1855, con Yquem como vecino inmediato. El lugar conserva huellas medievales y, ya en 1618, Raymond Peyraguey impulsó aquí el cultivo de la vid, convencido de que la colina podía traducir luz y humedad en identidad.
Unas 18 hectáreas forman un mosaico entre Bommes, Sauternes, Fargues y Preignac: terrazas de grava, vetas de arcilla y toques calcáreos que equilibran drenaje y reserva. Cuando la frescura del Ciron se cruza con tardes templadas, la Botrytis cinerea puede volverse “noble”: hacen falta varias pasadas de vendimia (tries) y selección manual grano a grano.
En bodega manda la contención: fermentaciones controladas, crianza en madera y tiempo sobre lías finas para construir textura sin maquillar el origen. Lafaurie Peyraguey explica Sauternes como vino de terroir—de altura, atmósfera y paciencia.Château Lafaurie Peyraguey
En lo alto de Bommes, sobre las brumas de otoño de Sauternes, Château Lafaurie Peyraguey se afirma como Premier Grand Cru Classé desde 1855, con Yquem como vecino inmediato. El lugar conserva huellas medievales y, ya en 1618, Raymond Peyraguey impulsó aquí el cultivo de la vid, convencido de que la colina podía traducir luz y humedad en identidad.
Unas 18 hectáreas forman un mosaico entre Bommes, Sauternes, Fargues y Preignac: terrazas de grava, vetas de arcilla y toques calcáreos que equilibran drenaje y reserva. Cuando la frescura del Ciron se cruza con tardes templadas, la Botrytis cinerea puede volverse “noble”: hacen falta varias pasadas de vendimia (tries) y selección manual grano a grano.
En bodega manda la contención: fermentaciones controladas, crianza en madera y tiempo sobre lías finas para construir textura sin maquillar el origen. Lafaurie Peyraguey explica Sauternes como vino de terroir—de altura, atmósfera y paciencia.