Pétrus

En la meseta de Pomerol, Pétrus nace antes de todo de la geología: apenas 11,4 hectáreas definidas por una rara franja de arcilla azul rica en hierro, capaz de retener agua y marcar el compás de la vid cuando el calor aprieta. Hay registros desde el siglo XVIII, y la consagración moderna se consolida tras 1945 con Madame Loubat y la familia Moueix.

Todo gira en torno a Merlot: viñas maduras, selección parcela a parcela y vendimia manual, seguidas de vinificaciones precisas y una crianza de alrededor de un año en roble francés, parte nuevo y parte usado, orientada a la textura y al equilibrio más que a la extracción intensa.

Más que un ‘château’, Pétrus es un manifiesto de terruño: discreto, exigente y absolutamente inseparable de su corona de arcilla en lo alto de Pomerol.

Pétrus

En la meseta de Pomerol, Pétrus nace antes de todo de la geología: apenas 11,4 hectáreas definidas por una rara franja de arcilla azul rica en hierro, capaz de retener agua y marcar el compás de la vid cuando el calor aprieta. Hay registros desde el siglo XVIII, y la consagración moderna se consolida tras 1945 con Madame Loubat y la familia Moueix.

Todo gira en torno a Merlot: viñas maduras, selección parcela a parcela y vendimia manual, seguidas de vinificaciones precisas y una crianza de alrededor de un año en roble francés, parte nuevo y parte usado, orientada a la textura y al equilibrio más que a la extracción intensa.

Más que un ‘château’, Pétrus es un manifiesto de terruño: discreto, exigente y absolutamente inseparable de su corona de arcilla en lo alto de Pomerol.