Domaine de Labruyère

En Moulin‑à‑Vent, Beaujolais, junto al caserío de Les Thorins, el Domaine de Labruyère trabaja el Gamay desde 1850: siete generaciones que han convertido el cru en una cuestión de oficio y paciencia.

La pieza más singular es Le Clos du Moulin‑à‑Vent, el único monopole de la apelación, a los pies del molino emblemático. Los suelos de granito duro y seco, con presencia de cuarzo y a menudo manganeso, exigen densidad de plantación, poda corta en gobelet y rendimientos contenidos.

Desde 2008, con Édouard Labruyère al frente, la precisión manda: vendimia manual en cajas pequeñas, doble selección, fermentación en depósitos de hormigón y maceraciones diseñadas para definir tanino sin exceso. La crianza se prolonga 16–20 meses en barricas nuevas y usadas, un gesto poco común en Beaujolais y coherente con la ambición del cru. El resultado es una lectura nítida del terroir, sobria y convincente.

Domaine de Labruyère

En Moulin‑à‑Vent, Beaujolais, junto al caserío de Les Thorins, el Domaine de Labruyère trabaja el Gamay desde 1850: siete generaciones que han convertido el cru en una cuestión de oficio y paciencia.

La pieza más singular es Le Clos du Moulin‑à‑Vent, el único monopole de la apelación, a los pies del molino emblemático. Los suelos de granito duro y seco, con presencia de cuarzo y a menudo manganeso, exigen densidad de plantación, poda corta en gobelet y rendimientos contenidos.

Desde 2008, con Édouard Labruyère al frente, la precisión manda: vendimia manual en cajas pequeñas, doble selección, fermentación en depósitos de hormigón y maceraciones diseñadas para definir tanino sin exceso. La crianza se prolonga 16–20 meses en barricas nuevas y usadas, un gesto poco común en Beaujolais y coherente con la ambición del cru. El resultado es una lectura nítida del terroir, sobria y convincente.