Arrels del Priorat

Entre las laderas de llicorella del Priorat, Arrels del Priorat rescató en 1997 un tesoro casi olvidado: el vi ranci, el “vino de madre”. Impulsado por René Barbier y Jaume Balaguer, nace de Garnacha sobremadurada y se define por el tiempo, el oxígeno y la austeridad mineral de las terrazas.

En viejas botas de castaño corre una solera de más de 30 años, alimentada por criaderas y trasiegos fraccionados al estilo andaluz. Cada saca se repone, y la estratificación construye un núcleo ambarino profundo, con crianza oxidativa y concentración. El conjunto se muestra seco en boca y lleno de carácter rancio.

Para quien quiere entender el Priorat más allá de los tintos modernos, es una pieza de colección: memoria líquida de pizarra, viento y paciencia, creada para celebrar la larga crianza sin artificios.

Arrels del Priorat

Entre las laderas de llicorella del Priorat, Arrels del Priorat rescató en 1997 un tesoro casi olvidado: el vi ranci, el “vino de madre”. Impulsado por René Barbier y Jaume Balaguer, nace de Garnacha sobremadurada y se define por el tiempo, el oxígeno y la austeridad mineral de las terrazas.

En viejas botas de castaño corre una solera de más de 30 años, alimentada por criaderas y trasiegos fraccionados al estilo andaluz. Cada saca se repone, y la estratificación construye un núcleo ambarino profundo, con crianza oxidativa y concentración. El conjunto se muestra seco en boca y lleno de carácter rancio.

Para quien quiere entender el Priorat más allá de los tintos modernos, es una pieza de colección: memoria líquida de pizarra, viento y paciencia, creada para celebrar la larga crianza sin artificios.