BruXo
A las afueras de Oaxaca de Juárez, Mexico, en San Dionisio Ocotepec, BruXo se forja con la paciencia del mezcal: un proyecto fundado en 2010 por amigos devotos del maguey, que escriben la X como guiño a Oaxaca y a la figura del “bruxo”, el chamán. En muchos lotes, el oficio lo conducen Lucio Morales y su hijo Juan, maestros mezcaleros de tradición familiar.
Las piñas de Espadín se cortan tras unos ocho años, se cuecen en un horno cónico de piedra y tierra, y luego se muelen con tahona. La fermentación es natural y la destilación se realiza dos veces en alambiques de cobre: cadena artesanal, sin atajos, donde manda el tiempo.
BruXo no cuenta una moda, sino la continuidad del palenque: lotes pequeños, conocimiento heredado y respeto por la tierra. Así, el terroir de Oaxaca aparece en la técnica—más profundo que cualquier adorno.BruXo
A las afueras de Oaxaca de Juárez, Mexico, en San Dionisio Ocotepec, BruXo se forja con la paciencia del mezcal: un proyecto fundado en 2010 por amigos devotos del maguey, que escriben la X como guiño a Oaxaca y a la figura del “bruxo”, el chamán. En muchos lotes, el oficio lo conducen Lucio Morales y su hijo Juan, maestros mezcaleros de tradición familiar.
Las piñas de Espadín se cortan tras unos ocho años, se cuecen en un horno cónico de piedra y tierra, y luego se muelen con tahona. La fermentación es natural y la destilación se realiza dos veces en alambiques de cobre: cadena artesanal, sin atajos, donde manda el tiempo.
BruXo no cuenta una moda, sino la continuidad del palenque: lotes pequeños, conocimiento heredado y respeto por la tierra. Así, el terroir de Oaxaca aparece en la técnica—más profundo que cualquier adorno.