Château La Garde
Entre lomas de grava y claros bordeados de pinos en Pessac‑Léognan, Château La Garde concentra casi tres siglos de memoria bordelesa. La chartreuse del siglo XVIII marca el carácter del lugar, pero el capítulo decisivo se abre en 1990 con la compra por Dourthe, que impulsa una modernización del viñedo y la bodega orientada a la precisión.
El terroir manda: afloramientos de graves, franjas de arcilla y zonas más frescas con influencia calcárea. Se vendimia a mano por parcelas, se fermenta con control de temperatura y se cría en barrica; en blancos, el trabajo sobre lías aporta relieve sin peso. Cabernet Sauvignon y Merlot construyen los tintos, mientras Sauvignon Blanc y Sémillon sostienen los blancos.
El resultado es un Pessac‑Léognan de trazo firme y tensión luminosa, con ese eco mineral y ligeramente ahumado que convierte la grava en identidad.Château La Garde
Entre lomas de grava y claros bordeados de pinos en Pessac‑Léognan, Château La Garde concentra casi tres siglos de memoria bordelesa. La chartreuse del siglo XVIII marca el carácter del lugar, pero el capítulo decisivo se abre en 1990 con la compra por Dourthe, que impulsa una modernización del viñedo y la bodega orientada a la precisión.
El terroir manda: afloramientos de graves, franjas de arcilla y zonas más frescas con influencia calcárea. Se vendimia a mano por parcelas, se fermenta con control de temperatura y se cría en barrica; en blancos, el trabajo sobre lías aporta relieve sin peso. Cabernet Sauvignon y Merlot construyen los tintos, mientras Sauvignon Blanc y Sémillon sostienen los blancos.
El resultado es un Pessac‑Léognan de trazo firme y tensión luminosa, con ese eco mineral y ligeramente ahumado que convierte la grava en identidad.