Château Pontet Canet

En la meseta de Pauillac, donde las gravas del Günz se apoyan sobre caliza, Château Pontet‑Canet permanece anclado en la Clasificación de 1855 como Cinquième Grand Cru Classé, pero se define por su impulso de cambio. Fundado a comienzos del siglo XVIII, el rumbo moderno llegó con la familia Tesseron en 1975 y se afiló desde los años noventa con una viticultura cada vez más precisa.

En 2004 arrancó la conversión biodinámica y en 2005 alcanzó toda la finca: trabajo con caballos, vendimia por parcelas y una atención casi monástica a la vida del suelo traducen el terruño en estructura. En bodega se buscan extracciones suaves y trabajo por gravedad; la crianza, desde 2012, incorpora Dolia —ánforas de hormigón— para que la madera sea marco y no disfraz.

Así nace un Pauillac que concentra la fuerza en silencio: tenso, vivo y sostenido por la brisa del estuario. Pontet‑Canet es un capítulo moderno del Bordeaux clásico, exigente en el oficio y transparente en su origen.

Château Pontet Canet

En la meseta de Pauillac, donde las gravas del Günz se apoyan sobre caliza, Château Pontet‑Canet permanece anclado en la Clasificación de 1855 como Cinquième Grand Cru Classé, pero se define por su impulso de cambio. Fundado a comienzos del siglo XVIII, el rumbo moderno llegó con la familia Tesseron en 1975 y se afiló desde los años noventa con una viticultura cada vez más precisa.

En 2004 arrancó la conversión biodinámica y en 2005 alcanzó toda la finca: trabajo con caballos, vendimia por parcelas y una atención casi monástica a la vida del suelo traducen el terruño en estructura. En bodega se buscan extracciones suaves y trabajo por gravedad; la crianza, desde 2012, incorpora Dolia —ánforas de hormigón— para que la madera sea marco y no disfraz.

Así nace un Pauillac que concentra la fuerza en silencio: tenso, vivo y sostenido por la brisa del estuario. Pontet‑Canet es un capítulo moderno del Bordeaux clásico, exigente en el oficio y transparente en su origen.