Sena
En el valle de Aconcagua, en Chile, Sena nació con una ambición poco común: fundada en 1995 por Eduardo Chadwick y Robert Mondavi, la bodega buscaba crear un tinto icónico capaz de afirmar el terroir chileno en la élite mundial.
Las viñas se asientan en laderas con influencia del Pacífico; suelos pobres, pendientes y preservación de vegetación nativa aportan biodiversidad en lugar de monocultivo. Desde 2005 el viñedo se conduce con principios biodinámicos: compost, ciclos naturales y mucha labor manual marcan la añada, mientras Cabernet Sauvignon, Carmenère y otras variedades bordelesas se vendimian y vinifican por parcelas, con selección estricta.
En bodega, Sena apuesta por la precisión: extracciones medidas, crianzas por separado y una maduración que sostiene la estructura sin tapar el origen. Así la idea de un “vino firma” se vuelve real: moderno en visión, pero profundamente arraigado al paisaje de Aconcagua y a su lenta madurez.Sena
En el valle de Aconcagua, en Chile, Sena nació con una ambición poco común: fundada en 1995 por Eduardo Chadwick y Robert Mondavi, la bodega buscaba crear un tinto icónico capaz de afirmar el terroir chileno en la élite mundial.
Las viñas se asientan en laderas con influencia del Pacífico; suelos pobres, pendientes y preservación de vegetación nativa aportan biodiversidad en lugar de monocultivo. Desde 2005 el viñedo se conduce con principios biodinámicos: compost, ciclos naturales y mucha labor manual marcan la añada, mientras Cabernet Sauvignon, Carmenère y otras variedades bordelesas se vendimian y vinifican por parcelas, con selección estricta.
En bodega, Sena apuesta por la precisión: extracciones medidas, crianzas por separado y una maduración que sostiene la estructura sin tapar el origen. Así la idea de un “vino firma” se vuelve real: moderno en visión, pero profundamente arraigado al paisaje de Aconcagua y a su lenta madurez.