Almaviva

En Chile, Almaviva es un pacto entre estilos: la mirada de château de la familia Rothschild y la pericia de Viña Concha y Toro. En Puente Alto (Valle del Maipo) la viña siente la Cordillera de los Andes: calor de día, frescor al caer la tarde, y suelos aluviales de gravas, arenas y arcillas que drenan y obligan a la planta a concentrarse. Con unas 65 hectáreas —incluidas parcelas plantadas en 1978— el trabajo del bodeguero es de orfebre: se vendimia por sectores, se cría por separado y el ensamblaje se decide a ciegas, buscando equilibrio más que potencia.

En copa aparece un tinto con disciplina bordelesa, pero con acento chileno: fruta negra, hierbas finas, nervio mineral y una frescura de montaña que alarga el final. La bodega, concebida en 1998, funciona como sala de afinación: cada lote encuentra su lugar antes de convertirse en Almaviva.

Almaviva

En Chile, Almaviva es un pacto entre estilos: la mirada de château de la familia Rothschild y la pericia de Viña Concha y Toro. En Puente Alto (Valle del Maipo) la viña siente la Cordillera de los Andes: calor de día, frescor al caer la tarde, y suelos aluviales de gravas, arenas y arcillas que drenan y obligan a la planta a concentrarse. Con unas 65 hectáreas —incluidas parcelas plantadas en 1978— el trabajo del bodeguero es de orfebre: se vendimia por sectores, se cría por separado y el ensamblaje se decide a ciegas, buscando equilibrio más que potencia.

En copa aparece un tinto con disciplina bordelesa, pero con acento chileno: fruta negra, hierbas finas, nervio mineral y una frescura de montaña que alarga el final. La bodega, concebida en 1998, funciona como sala de afinación: cada lote encuentra su lugar antes de convertirse en Almaviva.