Chateau Mont Redon
En el sur del valle del Ródano, en las alturas de Châteauneuf‑du‑Pape, Château Mont‑Redon actúa como faro de la Côtes du Rhône Sud. Sus menciones se remontan a 1344; tras la filoxera, Henri Plantin reimpulsó la finca en 1923, apostando por un altiplano que entonces era pura garriga.
Pocas propiedades reúnen los tres terruños emblemáticos de la denominación: galets roulés del plateau, safres (arenas compactas) y calizas urgonianas. De esa triada geológica nace la complejidad; Grenache conduce, Syrah y Mourvèdre trazan estructura, junto a variedades tradicionales vinificadas por separado antes del ensamblaje.
La fuerza de Mont‑Redon es la escala con disciplina: trabajo parcelario, selección estricta, crianza paciente en madera y tiempos largos de bodega. Un Ródano mediterráneo que elige definición antes que espectáculo, dejando que el plateau hable con claridad y profundidad.Chateau Mont Redon
En el sur del valle del Ródano, en las alturas de Châteauneuf‑du‑Pape, Château Mont‑Redon actúa como faro de la Côtes du Rhône Sud. Sus menciones se remontan a 1344; tras la filoxera, Henri Plantin reimpulsó la finca en 1923, apostando por un altiplano que entonces era pura garriga.
Pocas propiedades reúnen los tres terruños emblemáticos de la denominación: galets roulés del plateau, safres (arenas compactas) y calizas urgonianas. De esa triada geológica nace la complejidad; Grenache conduce, Syrah y Mourvèdre trazan estructura, junto a variedades tradicionales vinificadas por separado antes del ensamblaje.
La fuerza de Mont‑Redon es la escala con disciplina: trabajo parcelario, selección estricta, crianza paciente en madera y tiempos largos de bodega. Un Ródano mediterráneo que elige definición antes que espectáculo, dejando que el plateau hable con claridad y profundidad.