Pol Roger

Entre los muros de tiza de Épernay se forja Pol Roger: en 1849, el fundador apostó por la sobriedad antes que el espectáculo, y esa discreción quedó como sello de familia. Aquí manda el tiempo—sur lie sin prisas, manos pacientes en pupitres, y la costumbre de enlazar añadas para sostener un carácter fiel, elegante, de orgullo contenido, casi silencioso. Todavía hoy la casa se entiende como un legado que se guarda, no como un trofeo que se exhibe.

Que este carácter haya rozado a la Corte británica no es casualidad: un Royal Warrant corona esa cercanía, y Winston Churchill convirtió a la Maison en su estrella personal—en las celebraciones y en las horas más oscuras del siglo. De esa historia nació la cuvée “Sir Winston Churchill”: no como monumento, sino como gratitud a una lealtad que perdura décadas.

Pol Roger

Entre los muros de tiza de Épernay se forja Pol Roger: en 1849, el fundador apostó por la sobriedad antes que el espectáculo, y esa discreción quedó como sello de familia. Aquí manda el tiempo—sur lie sin prisas, manos pacientes en pupitres, y la costumbre de enlazar añadas para sostener un carácter fiel, elegante, de orgullo contenido, casi silencioso. Todavía hoy la casa se entiende como un legado que se guarda, no como un trofeo que se exhibe.

Que este carácter haya rozado a la Corte británica no es casualidad: un Royal Warrant corona esa cercanía, y Winston Churchill convirtió a la Maison en su estrella personal—en las celebraciones y en las horas más oscuras del siglo. De esa historia nació la cuvée “Sir Winston Churchill”: no como monumento, sino como gratitud a una lealtad que perdura décadas.