Angerhof Tschida

En Neusiedlersee, Angerhof Tschida representa una bodega que une origen y oficio con coherencia.

En Illmitz, en el Seewinkel del lago Neusiedl, el vino dulce no es un capricho: es meteorología embotellada. La humedad del lago, la luz de otoño y el contraste térmico abren la puerta a la botrytis cuando todo encaja. Angerhof Tschida convierte esa ventana en oficio. Burgenland.info sitúa el inicio de la historia conjunta en 1982 y explica que desde 1993 la bodega se dedica por completo a la viticultura. Hoy trabaja 40 hectáreas; alrededor del 70% son variedades blancas y casi toda esa uva termina en vinos dulces.

La propia casa subraya vendimia manual, control preciso de fermentación y vinificación reductiva para que el carácter del Neusiedlersee–Seewinkel no se diluya. En copa, el resultado busca tensión: fruta madura y especia botritizada sostenidas por acidez limpia, con un final definido, más de almendra y sal que de jarabe.

Angerhof Tschida

En Neusiedlersee, Angerhof Tschida representa una bodega que une origen y oficio con coherencia.

En Illmitz, en el Seewinkel del lago Neusiedl, el vino dulce no es un capricho: es meteorología embotellada. La humedad del lago, la luz de otoño y el contraste térmico abren la puerta a la botrytis cuando todo encaja. Angerhof Tschida convierte esa ventana en oficio. Burgenland.info sitúa el inicio de la historia conjunta en 1982 y explica que desde 1993 la bodega se dedica por completo a la viticultura. Hoy trabaja 40 hectáreas; alrededor del 70% son variedades blancas y casi toda esa uva termina en vinos dulces.

La propia casa subraya vendimia manual, control preciso de fermentación y vinificación reductiva para que el carácter del Neusiedlersee–Seewinkel no se diluya. En copa, el resultado busca tensión: fruta madura y especia botritizada sostenidas por acidez limpia, con un final definido, más de almendra y sal que de jarabe.